Autosabotaje cíclico: cómo destruí todo lo que construí

Destruí 2 negocios, terminé una sociedad de 13 años y cancelé mi visa de Australia antes de reconocer el patrón. Esto es el autosabotaje cíclico en adultos desde adentro — con fechas reales y el costo real de no nombrarlo a tiempo.

Por Alesi — Renace con Ale | Tiempo de lectura: 9 minutos

Hay una versión del autosabotaje que todos conocen: la procrastinación, el proyecto que no arrancas, la llamada que postpones indefinidamente.

Y luego está la otra versión. La que no viene sola. La que opera en todos los frentes al mismo tiempo —la relación, el dinero, el emprendimiento, la identidad— con tanta coherencia interna que durante años la confundes con decisiones razonables.

Esa fue la mía.

Este artículo no es una explicación clínica del autosabotaje cíclico. Es un recuento honesto de cómo se ve desde adentro. Con fechas reales. Con decisiones reales. Con el costo real de no haberlo nombrado a tiempo.

¿Qué es el autosabotaje cíclico? La diferencia que nadie explica

El autosabotaje común es un evento: evitar algo, postergar algo, boicotear una oportunidad específica.

El autosabotaje cíclico es un sistema. Es un patrón que se repite con suficiente consistencia como para tener estructura, suficiente variación como para que no lo reconozcas, y suficiente velocidad como para que cuando ves los resultados, ya hayas empezado el siguiente ciclo.

Se ve así: empiezas algo con energía genuina. Avanzas. Llega la incomodidad —no el fracaso, solo la dificultad normal de sostener algo real—. Y entonces, sin decidirlo conscientemente, activas el mecanismo: una nueva idea, un cambio de ciudad, una ruptura, un “esto no era para mí”. El ciclo cierra. Y abre uno nuevo.

Lo que hace al autosabotaje cíclico especialmente difícil de detectar es que cada episodio parece diferente al anterior. Distintas circunstancias, distintas razones, distintas personas involucradas. El denominador común eres tú. Y ese denominador tarda años en verse.

Yo tardé treinta y tres.

Según la American Psychological Association, los patrones de comportamiento repetitivos que operan fuera de la conciencia son uno de los mecanismos más difíciles de interrumpir precisamente porque se sienten como decisiones libres.


El inicio: cuando todo encajaba demasiado bien

Después de tres años trabajando en mi amor propio —o eso creía—, conocí a alguien con quien hice clic desde el primer día. Mismo interés de cambiar de país. Nivel de inglés que complementaba perfectamente mi negocio de bodas y eventos en México. Familia con salón de eventos, igual que yo. Tía que llevaba más de veinte años viviendo en Australia.

Demasiadas coincidencias. Demasiado fácil.

Nos casamos a los seis meses. Empezó a trabajar conmigo. Cerramos los últimos eventos, terminamos los compromisos florales y nos preparamos para emigrar.

Había algo que en ese momento interpreté como señal del universo. Hoy lo veo diferente: cuando el autosabotaje cíclico está activo, el inicio siempre se siente perfecto. La energía del arranque es real. El entusiasmo es genuino. El problema no está en el comienzo. Está en lo que pasa cuando la novedad termina y empieza el trabajo real de sostener.


Australia: cuando el patrón se volvió visible —aunque yo no lo veía

Llegamos a Sydney. Después, Melbourne. Cinco meses de una vida que, desde afuera, tenía toda la forma de una aventura.

Por adentro era otra cosa.

Estudiaba inglés cinco días a la semana, cuatro horas y media diarias. Trabajaba entre seis y siete horas diarias, de lunes a domingo, con un día de descanso a la semana “según nosotros”. Cargué contenedores. Limpié boutiques de lujo —Cartier, Tiffany, Montblanc, Piaget—. Limpié Airbnbs premium. Trabajé como ayudante de florista.

Ningún trabajo me avergonzaba. Eso lo creía genuinamente. Pero el ego operaba en paralelo con otra narrativa: ¿qué haces aquí si tú tenías una empresa?

Esa voz no era motivación. Era el sistema de autosabotaje preparando el terreno.

Porque en lugar de sostener lo que tenía —el proceso migratorio, el aprendizaje del idioma, la construcción lenta de algo nuevo en un país que no conocíamos—, mi mente empezó a buscar la salida elegante. No un fracaso visible. Una nueva idea.

Si esto te suena familiar y no sabes si lo que tienes es autosabotaje o procrastinación, hay una diferencia importante que cambia completamente qué solución necesitas: Procrastinación vs. autosabotaje: no son lo mismo.


El autosabotaje cíclico no llega como una crisis. Llega disfrazado de decisiones razonables tomadas en el momento equivocado.

El patrón en el emprendimiento: seis proyectos, cero terminados

Lo que vino después fue la versión emprendedora del autosabotaje cíclico, y la reconozco con precisión quirúrgica ahora que sé cómo se llama.

Dropshipping. Marketing de afiliados. Canal de YouTube. Contenido en TikTok. Sitios web. Artículos. Cuentas en Instagram.

Cinco o seis cursos comprados. Cuatro semanas de motivación intensa. Y después: dudas, miedos, incredulidad, abandono.

El ciclo era idéntico en cada caso:

Semana 1-2: Energía alta. Claridad de propósito. La sensación de que esta vez era diferente.

Semana 3-4: El trabajo se vuelve repetitivo. Los resultados no llegan tan rápido como el contenido prometía. Aparece la duda.

Semana 5-6: Una nueva idea comienza a brillar. El proyecto actual empieza a verse como un error. La narrativa de justificación se construye sola: no tengo las habilidades, no sé a quién hacerle caso, necesito una mentoría que no podemos pagar.

Semana 7: Abandono. Y el ciclo abre de nuevo.

Lo que no entendía entonces —y que hoy entiendo con claridad— es que el problema nunca fue el dropshipping ni el marketing de afiliados ni la falta de habilidades. El problema era que no sabía sostener. No el proyecto. No el proceso. No la incomodidad de estar en el medio, donde todavía no hay resultados pero el trabajo ya está costando.

Eso nadie te lo enseña en los cursos. Y los creadores que ves en redes mostrando sus ingresos pasivos llegaron al capítulo veinte. Tú estás en el capítulo dos y te estás comparando con su final editado.


La locura de Malasia: cuando el autosabotaje escala

Aquí es donde el patrón dejó de ser solo mío y empezó a impactar a quien más quería.

Mi incomodidad —acumulada, sin nombre, sin trabajar— empezó a desequilibrar las decisiones que tomábamos juntos. Convencí a mi esposo de cancelar mi visa de estudiante para convertirme en dependiente de la suya. Lo convencí de irnos un mes y medio a Kuala Lumpur con la idea de que con nuestros ahorros podríamos vivir en un país de menor costo mientras construíamos un ingreso digital.

Él lo aceptó. No porque creyera completamente. Sino porque quería estar conmigo. Y porque cuando alguien que amas te propone algo con esa intensidad de certeza que solo el autosabotaje en modo avanzado puede generar, es difícil resistirse.

Eso es algo que el autosabotaje cíclico hace cuando opera durante años sin ser reconocido: se vuelve contagioso. Empieza a arrastrar las decisiones de las personas que te rodean.

Lo que operaba detrás de esa decisión —la urgencia de moverme antes de que algo exigiera que me quedara— tiene un nombre específico que entendí meses después: apego evitativo. Y tiene mucho más que ver con el autosabotaje cíclico de lo que parece.


Las doce horas antes del vuelo: el momento en que todo colapsó

Doce horas antes de tomar el vuelo a Malasia, mi esposo me hizo una pregunta. No recuerdo las palabras exactas. Era algo como: ¿y si no funciona? ¿cuál sería el plan B?

Una pregunta razonable. Una pregunta que cualquier persona con los pies en la tierra habría respondido con calma.

Pero yo no estaba con los pies en la tierra. Estaba emocionalmente sobrecargado de meses de incomodidad acumulada, de proyectos abandonados, de una identidad que no terminaba de cuajar, de la danza del apego evitativo y ansioso que habíamos estado bailando sin nombrarlo.

Y ante la incertidumbre de esa pregunta, el mecanismo evitativo hizo lo único que sabía hacer: salir corriendo.

Terminé en un vuelo de trece horas hacia México. Sin el plan que había prometido. Sin la estabilidad que había ofrecido. Habiendo lastimado a la persona que más me amaba, con una ruptura que yo decidí, desde el miedo y la sobrecarga, no desde la claridad.

Eso es el autosabotaje cíclico en su expresión más completa: no solo abandona proyectos. Abandona personas. Abandona versiones de ti mismo que estaban creciendo. Abandona todo justo antes de que algo real pudiera sostenerse.


No es que hayas tomado malas decisiones. Es que un patrón que no reconoces tomó las decisiones por ti.

Lo que entendí después: el denominador común de todo

Cuando llegué a México y empecé terapia, la primera cosa que mi terapeuta me ayudó a ver fue el patrón.

No era Australia. No era el inglés. No era el dropshipping ni Malasia ni el negocio de bodas ni ninguna de las circunstancias externas que yo había usado como narrativa de justificación.

Era que nunca había aprendido a sostener la incomodidad.

Cada vez que algo se ponía difícil —un proyecto, una relación, una identidad nueva— el sistema activaba la salida. Y la salida siempre tenía buena presentación: una nueva idea más interesante, un país más estratégico, una decisión que sonaba a valentía pero que en realidad era fuga.

El autosabotaje cíclico no se parece al fracaso. Se parece a la reinvención constante. Se parece a la flexibilidad. Se parece, incluso, a la valentía de empezar de cero. Y precisamente por eso es tan difícil de ver.


5 señales de que tu autosabotaje es cíclico y no solo un episodio

Comparto esto no para que te diagnostiques, sino para que puedas reconocer el patrón si está presente:

1. Empiezas con energía genuina y te detienes siempre en el mismo punto del proceso. No en el inicio. No al final. En el medio, cuando la novedad terminó y el trabajo real empieza a costar.

2. Cada abandono tiene una justificación que suena razonable. No te rindes. Te reorienta. Pero si miras los últimos tres años, el patrón de reorientación es idéntico aunque las circunstancias cambien.

3. La nueva idea siempre llega justo cuando el proyecto actual empieza a exigir sostenimiento. No es casualidad. Es el mecanismo buscando la salida antes de que la incomodidad escale.

4. El movimiento se siente como crecimiento. Nueva ciudad, nuevo proyecto, nueva identidad. Desde afuera parece evolución. Desde adentro es el mismo punto de salida con diferente escenario.

5. Los demás también pagan el costo. Cuando el autosabotaje cíclico lleva años operando, empieza a involucrar decisiones que afectan a otras personas: parejas, socios, familias que reorganizan sus vidas en función de un plan que el patrón eventualmente va a abandonar.

Si te identificaste con estas señales pero no estás seguro de si lo que tienes es autosabotaje o simplemente procrastinación, esta distinción cambia todo: Procrastinación vs. autosabotaje: no son lo mismo y confundirlos te paraliza más.


Por qué el autosabotaje cíclico no se cura con motivación

Podría decirte que leer más libros de desarrollo personal lo resuelve. Que con disciplina suficiente el patrón se rompe. Que solo necesitas el curso correcto o el mentor adecuado.

Pero eso sería exactamente la narrativa que el autosabotaje cíclico usa para perpetuarse. Porque comprar el curso es acción. Inscribirte en la mentoría es acción. Y esa acción temporal satisface la necesidad de moverse sin exigir lo único que realmente interrumpe el ciclo: quedarse cuando la incomodidad llega.

Lo que estoy encontrando en terapia —y que todavía es trabajo en curso— es que el autosabotaje cíclico se trabaja a nivel del sistema nervioso, no a nivel de la motivación. Se trabaja aprendiendo a tolerar la incomodidad sin huir. Se trabaja reconstruyendo la confianza en tu propia capacidad de sostenerte. Se trabaja, lentamente, con acompañamiento.

No hay atajo. Pero sí hay camino.

Verywell Mind describe el autosabotaje como un comportamiento que interfiere activamente con los propios objetivos — y documenta por qué las soluciones de motivación no son suficientes para interrumpirlo.


Lo que las flores me están enseñando sobre sostener

Empecé Alesi Flowers en este proceso. No como estrategia de negocio. Como práctica de presencia.

Hay algo en trabajar con flores que no permite el autosabotaje: no puedes convencer a una flor de que florezca más rápido. No puedes cambiar de proyecto a mitad del arreglo sin perder lo que ya construiste. No hay nueva idea más brillante que aparezca cuando estás con las manos en el tallo.

Cada arreglo que termino es una pequeña prueba de que puedo sostener algo hasta el final. Que puedo quedarme cuando la incomodidad aparece. Que la constancia, aunque sea en algo pequeño, es posible para mí.

No estoy curado. Pero estoy aprendiendo.

Y eso, después de años de creer que el problema era el país, el proyecto, la pareja o las circunstancias, es suficiente por ahora.


Una pregunta para cerrar

Si llegaste hasta aquí, probablemente algo de esto resonó de una manera que va más allá de la curiosidad.

Te dejo una sola pregunta. No para responderla hoy. Para dejarla trabajar esta semana:

¿En cuántos de tus proyectos o relaciones abandonados el punto de salida fue siempre el mismo, aunque las circunstancias parecieran diferentes?

Si la respuesta incomoda, es porque está tocando algo real.

Eso es exactamente el lugar desde donde empieza el trabajo.


¿Y el vínculo con tu pareja? Esto también está ahí

El autosabotaje cíclico rara vez afecta solo los proyectos. Llega también a las relaciones, a la intimidad, al modo en que te vinculas. Si mientras leías esto pensaste en tu pareja, en cómo te alejas justo cuando algo importa, puede que lo que describes tenga nombre: Apego evitativo en pareja: lo que aprendí en 13 horas de vuelo.


📚 Algo que me ayudó a entender el patrón

Hubo un libro que me ayudó a ponerle nombre a lo que estaba viviendo mucho antes de que pudiera explicarlo: La Guerra del Arte: Rompe las Barreras y Vence tus Batallas Creativas Internas — Steven Pressfield. No habla de autosabotaje cíclico específicamente, pero llama “Resistencia” a esa fuerza interna que destruye lo que más te importa. Cuando lo leí, sentí que alguien finalmente había descrito lo que yo vivía.

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