El 10 de mayo de 2021 cerré 100 pedidos en un solo día.
Flores y postres a domicilio, en plena pandemia, sin auto, con mi mamá como staff y mi socio en la cocina.
Fue el día más emocionante de mi vida como emprendedor.
Y fue el momento exacto en que comenzó el fin del negocio — aunque yo no lo supiera todavía.
One Reason: 100 pedidos en un día y lo que hice (y no hice) después
One Reason era el nombre que le había puesto años antes a una idea que tenía guardada: un negocio de decoración para celebraciones, porque yo creía que las personas siempre tienen una razón para celebrar.
Cuando llegó la pandemia y las bodas se suspendieron indefinidamente, retomé esa idea y la convertí en una tienda de flores y postres a domicilio en Shopify. Sin experiencia en logística, sin auto, sin florería formal. Solo entusiasmo, mi mamá, mi amigo de la repostería y las ganas de que algo funcionara.
El Día de las Madres fue un golpe de suerte enorme: 100 pedidos. Lo resolvimos como pudimos, con llamadas de último minuto, rutas improvisadas y el coche de quien estuviera disponible. Fue caótico y fue increíble al mismo tiempo.
Pero el Día del Padre llegaron 15 pedidos.
Y para Navidad, que me había imaginado haciendo coronas navideñas y arreglos especiales — no hice nada. Lo había pensado muchas veces. Nunca lo ejecuté.
Los años siguientes usé los mismos diseños del primer año. Sin campañas nuevas, sin evolución del catálogo. Las ventas del siguiente Día de las Madres llegaron a 50 — la mitad que el primero.
Y yo no estaba trabajando en mejorarlo. Estaba mirando para otro lado.

Lo que yo hacía mientras el negocio se apagaba
Mientras One Reason perdía fuerza despacio, yo estaba en redes sociales viendo a otras personas construir negocios digitales.
Dropshipping. Ecommerce. Productos digitales. Ebooks. Canales de YouTube faceless. Cada video que veía era una nueva idea que podría ser la que me llevara a la libertad financiera sin el desgaste de lo que ya tenía.
Las redes nunca fueron una herramienta para mí en esa época. Fueron un escaparate donde yo me sentía insuficiente permanentemente.
Mientras tanto, el dinero de One Reason entraba y salía mezclado con mis gastos personales. No tenía registros claros. No separaba las cuentas. Lo que ganaba en flores pagaba la renta, la tarjeta de crédito, una cena. Nunca supe con exactitud cuánto estaba ganando — ni cuánto estaba perdiendo.
Ese es el autosabotaje que nadie te muestra en los videos de emprendimiento: no siempre se ve como rendirse. A veces se ve como distraerse. Como buscar la siguiente idea antes de terminar la que ya tienes. Como mirar lo que otros construyen mientras lo tuyo se enfría solo.
Si esto te resuena, hay algo más en este artículo que puede ayudarte a nombrarlo: Autosabotaje cíclico: cómo destruí todo lo que construí.
El segundo negocio: la boda de un millón de pesos — y por qué no fue suficiente para cambiarme
Alesi Wedding & Events llegó a un momento que yo había declarado en voz alta como un sueño: quería coordinar una boda de más de un millón de pesos.
En 2023 lo logré.
Una clienta llegó referida por una amiga. Primero organizamos el primer año de su hijo — un cumpleaños muy retador y muy hermoso. Y después llegó la boda. Un evento con un presupuesto que superó esa cifra que yo había dicho que quería alcanzar. Lo que viví ese día fue satisfacción real. Sentí que había cumplido algo importante.
Pero hubo algo que ese logro no cambió: los patrones que operaban dentro de mí seguían intactos.
Seguía sin procesos claros. Seguía terminando haciéndolo todo yo. Seguía sin reinvertir en el negocio. Seguía fallando en los trabajos de lunes a viernes mientras el negocio me sostenía los fines de semana.
La boda de un millón de pesos fue real. El sueño se cumplió. Y tres meses después estaba igual que antes — con más deuda, con más cansancio, con la misma vocecita de que el problema era el mercado, México, los clientes que no valoran el trabajo del wedding planner.
Cuando decidí irme a Australia con Gio, dejé de recibir nuevas bodas con casi un año de anticipación. El negocio no murió de fracaso — lo cerré yo, conscientemente, para empezar algo nuevo.
La última boda fue en Acapulco. Neyra y Cristian, sábado 16 de noviembre. Al día siguiente — mi cumpleaños número 33 — tomé un vuelo a Sydney.

Las 5 cosas concretas que hice — y que fueron autosabotaje en acción
No lo llamé así en su momento. Lo llamé mala racha, pandemia, el mercado, el agotamiento. Pero viendo hacia atrás, estas son las decisiones que lo aceleraron:
1. Nunca separé el dinero del negocio del dinero personal. Lo que entraba del negocio pagaba mi vida. Sin registros, sin reinversión, sin saber realmente qué quedaba. Los costos del producto estaban bien calculados — pero los costos operativos y mi propio gasto personal los absorbía todo sin darme cuenta.
2. Eliminaba en lugar de reparar. Dos sitios web borrados porque algo no funcionaba, en lugar de buscar cómo arreglarlo. Una cuenta de Instagram con 1,500 seguidores eliminada — “por error o intencional”, no sé distinguirlo del todo. Siempre empezar de cero era más fácil que quedarse con lo roto y resolverlo.
3. No subía contenido si no era perfecto. Si una foto no se veía exactamente como yo quería, no la publicaba. El resultado: meses sin presencia, sin consistencia, sin comunidad. El perfeccionismo que parece estándar de calidad pero que en el fondo es miedo.
4. Hacía todo yo — sin procesos, sin estructura. Vendedor, coordinador, diseñador, proveedor, contable. Daba bomberazos para salir de cada crisis y terminaba más agotado. Sin procesos claros, el negocio dependía completamente de mi energía. Y mi energía no era infinita.
5. Buscaba la siguiente idea cuando la actual empezaba a exigirme quedarme. Dropshipping, YouTube, ecommerce — cualquier cosa nueva era más emocionante que resolver los problemas reales del negocio que ya tenía. La incomodidad de construir me mandaba directo a fantasear con empezar algo diferente.
Esto tiene un nombre también, y no es procrastinación: Procrastinación vs. autosabotaje: no son lo mismo (y confundirlos te paraliza más).

Lo que entendí cuando dejé de llamarlo mala racha
Cuando empecé a vivir con Gio, tomé una decisión que nunca había tomado: ser honesto sobre mi situación. No fingir que el negocio iba bien, no aparentar que tenía todo bajo control. Más de $200,000 pesos de deuda entre 6 tarjetas de crédito, sin ahorros, sin estructura.
Gio fue empático. Tomamos un curso de finanzas personales juntos. Hoy tenemos un planner que guía nuestras finanzas, incluso ahora que estamos a distancia.
Pero la honestidad con Gio llegó tarde para los negocios.
Lo que entendí en terapia — no de golpe, sino despacio — es que no empecé de cero dos veces. Empecé desde el mismo lugar dos veces. Con el mismo patrón, la misma forma de relacionarme con el dinero, el mismo impulso de escapar cuando algo me exigía sostenerme.
Eso es lo que diferencia el fracaso de un negocio del autosabotaje en los negocios: el primero puede ser circunstancial. El segundo lo cargas contigo a donde vayas.
Australia lo confirmó. El problema no era México, ni el mercado, ni los clientes. Era lo que yo hacía cada vez que algo empezaba a ir bien — o cada vez que algo empezaba a costarme quedarme.
Si estás en ese ciclo, te puede ayudar entender desde dónde viene: Reinventarse a los 33: lo que nadie dice cuando empezar de cero ya no se siente como aventura.
📚 Algo que me ayudó a ver el patrón antes de poder nombrarlo
Hubo un libro que me ayudó a ponerle nombre a lo que estaba viviendo mucho antes de que pudiera explicarlo: La Guerra del Arte: Rompe las Barreras y Vence tus Batallas Creativas Internas — Steven Pressfield. No habla de autosabotaje cíclico específicamente, pero llama “Resistencia” a esa fuerza interna que destruye lo que más te importa. Cuando lo leí, sentí que alguien finalmente había descrito lo que yo vivía.
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Artículo recomendado — Si quieres leer sobre este patrón desde una perspectiva más clínica, este artículo de Psicología y Mente sobre el autosabotaje lo explica bien sin jerga innecesaria.
Una pregunta para esta semana
¿Hay algún proyecto que dejaste ir — no porque no funcionara, sino porque empezó a pedirte que te quedaras con él cuando era incómodo?
No te pido que respondas ahora. Solo que lo dejes trabajar.
Vive el viaje conmigo. Crezcamos juntos.





